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El Papa en Chile: los puntanos vuelven con el espíritu renovado y feliz

Cientos de sanluiseños pudieron estar cerca de Francisco en Santiago. Varios de ellos contaron sus sensaciones y coincidieron en que fue un viaje que no olvidarán nunca.

Costó encontrar a los puntanos entre la muchedumbre que siguió al Papa Francisco por cada rincón de Chile donde llevó la palabra de Cristo. Si bien alguno pudo haber aprovechado su excursión a Temuco para ir a verlo y de paso disfrutar de las bellezas del sur del país trasandino, la mayoría eligió Santiago para pasar esos tres días vertiginosos. Primero porque es el paso más cercano a San Luis: apenas 650 kilómetros dividen a la capital chilena de la puntana por el Paso Cristo Redentor. Y después porque estaba la posibilidad de disfrutar de su cercanía en la multitudinaria misa en el Parque O’Higgins, donde congregó a 400 mil personas.
Hubo gente que llegó de la provincia en un tour charteado por una empresa de turismo de calle Rivadavia, como fue el caso de María Laura Pereira. Otros, como Carlos Padula y su familia, eligieron hacerlo con su auto particular. Los dos tienen algo en común: una vez que el Papa enfiló con su liturgia rumbo a Iquique, partieron raudos a disfrutar de unos días de playa en Viña del Mar, el balneario más cercano a la capital de Chile, apenas 250 kilómetros al norte. Tuvieron suerte, porque los días de sol dominaron la semana papal de punta a punta.
“Llegamos el lunes, estuvimos ese día organizándonos para ir tempranito el martes al Parque O’Higgins. Sabíamos que iba a ir mucha gente, y queríamos tener una buena ubicación porque no hay muchas oportunidades en la vida de ver a un Papa argentino”, contó Padula, quien cruzó la Cordillera con su esposa, sus cuatro hijos y hasta su suegra. “Fue una experiencia impresionante estar en el Parque, en medio de tanta gente que agitaba banderas de distintos países, escuchando una misa de Francisco. Uno siente orgullo de ser argentino en ocasiones como ésta”, agregó el hombre, que vive en Quines y planeó el viaje con mucha anticipación.
Padula, que es un católico practicante al igual que toda su familia, sintió “una renovación espiritual, algo muy fuerte; pero no fuimos los únicos, la gente que estaba alrededor también, se notaba en sus rostros. Todo el día se vivió con mucha emoción, una multitud se acercó a comulgar y se aplaudía por todo. Era la felicidad de estar en ese momento ahí”. El puntano contó que pudieron ver dos veces al Papa bien de cerca: “Antes de la misa, cuando el papamóvil se movió por las calles internas, pasó al lado nuestro. Y después, cuando iba rumbo al santuario del Padre Alberto Hurtado nos arrimamos a La Alameda y nos dimos el gusto de saludarlo otra vez. Ahí fue todavía mejor, porque había pocos fieles y fue mucho más cómodo el paso del Pontífice”.
El caso de María Laura fue el de tantos otros que llegó en un micro contratado especialmente, entonces no pudo elegir demasiado los momentos para ver pasar el papamóvil, pero aseguró que la experiencia fue igual de movilizante. “Fue una sensación hermosa, única, es la primera vez que asistimos a un evento de esta magnitud. San Luis es chiquito, nunca se ve tanta gente junta”, reconoció esta docente que vive en la capital puntana y llegó acompañada de su mamá Marta y su hermana María Marta, que residen en San Francisco del Monte de Oro.
“Estuvimos muy cerca en el recorrido que hizo en el papamóvil por dentro del Parque O’Higgins; si bien quedamos lejos del altar, ese segundo que pasó fue único. Y después la misa la disfrutamos entera porque había pantallas gigantes y un audio espectacular”, agregó María Laura, quien se va “con el alma llena después de escuchar sus palabras y recibir su bendición”.
El hecho de que hayan estado en medio de un crisol de nacionalidades también le pareció positivo. “Al lado nuestro había gente de varias provincias, e incluso de Colombia y Perú, y todos sentimos lo mismo. El catolicismo es uno solo en todo el mundo, aquí quedó comprobado”. Con respecto a la organización, sólo tuvo elogios: “Fue muy ordenada, estaba el predio bien sectorizado y los colaboradores y voluntarios estuvieron siempre a disposición de los fieles”.
Sobre la negativa recurrente del Papa de venir a la Argentina, no le parece un tema para alarmarse. “Su corazón es argentino, de eso no hay dudas, y sabe que cuenta con nuestro apoyo. Además, su misión es peregrinar por países donde es más necesitada su palabra y su presencia, nosotros podemos y sabemos esperar”.

Alegría inolvidable
En la cobertura que hizo El Diario del encuentro con los jóvenes en el Santuario Votivo de Maipú, hubo otras dos jóvenes sanluiseñas que se acercaron a conversar y mostrar su orgullo por estar ahí representando a la provincia. Se trató de las religiosas María del Magnificat y María Elegida de Dios, quienes realizan su labor pastoral en un hogar de San Rafael, por lo que llegaron acompañadas de un numeroso grupo de chicas del sur mendocino. “Yo soy de Arizona y ella de Villa Mercedes, hace 10 años que estamos en Mendoza”, abrió el juego María del Magnificat. Su compañera contó: “Estuvimos en la misa del Parque, lo vimos de cerca a Francisco, tiene un carisma especial. Estuvo muy bien en la homilía, siempre claro, es un placer escucharlo”.
Ambas también estaban felices por sus compañeras: “Las chicas del hogar son todas menores de edad, para ellas fue un viaje soñado. Tener a un Papa tan cerca fue una alegría que no van a olvidar y nosotras tampoco. Como religiosas, ver a la cabeza de la Iglesia, ver al enviado de Dios, es inmenso. Lo tenemos que seguir adonde vaya”.

El Diario de la Republica.

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