Interes Nacionales Provinciales

Un puntano “low cost”: cumplió su sueño y vuela alto

Maximiliano Cruceño, feliz, en la turbina del Boeing 737, avión con el que ya lleva más de dos mil horas de vuelo.

Maximiliano Cruceño tiene apenas 30 años y es el único capitán de línea aérea que tiene la provincia. Se formó en el Aeroclub de Villa Mercedes.

 

Cuando Maximiliano Cruceño se va lo más atrás posible en la memoria se recuerda jugando con avioncitos, armando sus propios diseños con madera. No sorprende que desde ese entonces, toda su vida, sus decisiones y su destino esté íntimamente ligado a la aviación. Ya desde chico tenía un gran sueño, se esforzó mucho por cumplirlo y hoy disfruta de poder decir que lo logró. Con apenas 30 años, este piloto nacido en la ciudad de San Luis, que actualmente trabaja en una empresa low cost argentina, ya es capitán de línea aérea, la meta máxima en la carrera de la aeronáutica, y es el único de la provincia en conseguirlo. Si bien ya “voló” a lo más alto, asegura no tener techo, sigue proponiéndose metas y no deja de soñar.
No cualquiera llega con 30 años a ser capitán de una tripulación. Lo común es ver a personas de más de 40 ocupando ese puesto. Cruceño, que ya lleva más de 3.600 horas de vuelo, se ríe al sentirse como un “bicho raro” codeándose con colegas más grandes, pero sabe que luchó mucho para conseguirlo. Fue un camino difícil que empezó a emprender hace varios años atrás, cuando con su familia se mudaron a Villa Mercedes, tras pasar también un tiempo en Justo Daract.
Si bien desde muy chico siempre quiso volar, nunca había vivido esa sensación, hasta sus 13 años. El piloto rememoró: “Carlos Biassi es la persona que me llevó a volar aquella vez. Tenía un campo en Villa Mercedes y un avión privado. Fuimos a pasar ahí una tarde de campo con mi padre. Carlos sacó el avión y nos llevó a volar. Cuando despegamos del suelo -hace una pausa como si las imágenes en su cabeza lo llevaran a ese lugar y se olvidara de la charla por un instante- fue un momento que me generó una situación increíble. Ahí dije ‘esto es lo quiero, esto es lo mío'”.
A partir de ahí emprendió un camino meteórico para llegar hasta donde hoy está. La edad mínima para empezar a formarse como piloto es a los 16 años y 9 meses. Para “Maxi” no fue un impedimento llegar todos los días de la escuela, subirse a la bici, e ir al Aeroclub de Villa Mercedes. No podía estudiar todavía, pero sí veía, escuchaba, tocaba, sentía y “molestaba”, como él dice. A pesar de que en su familia nadie se relacionaba con el tema, sus padres lo apoyaron, con los temores obvios a lo desconocido, según comentó Cruceño.
“Cuando cumplí la edad mínima para poder comenzar la carrera de piloto civil -la primera licencia que uno hace es la de piloto privado- arranqué mi preparación formal, aunque ya venía ligado al tema desde muchos años antes. Fue muy cómico porque obtuve mi primera licencia antes de haber terminado el secundario”, dice entre risas el piloto.
A partir de ahí trabajó, dentro de lo que su licencia le permitía, de lo que fuese para seguir sumando experiencia. En la carrera de la aviación, los pilotos deben sumar horas de vuelo, para aspirar a permisos más altos, que les permiten hacer otras cosas. En ese sentido, hizo vuelos de todo tipo, desde lanzamiento de paracaidistas hasta llevando fotógrafos para hacer capturas desde lo alto. Todo servía para él y ese camino que tenía fijo entre ceja y ceja.
Su siguiente paso lo sacó de la provincia y lo llevó a Laboulaye, Córdoba, ya que una empresa de fumigación lo contrató para pilotear el avión de fumigación. Para ello, Cruceño dio un paso más en su formación y alcanzó la licencia de piloto aeroaplicador. Si bien tiene miles de horas de vuelo sobre su espalda y situaciones de todo tipo, nunca sufrió tanto como en ese trabajo.
“En esa época viví situaciones de riesgo, porque tuve que enfrentar muchas fallas mecánicas, y tomar decisiones muy importantes, que me hicieron pasar sustos grandes. Muchas veces llegué a pensar lo peor. Te levantabas temprano para volar y no sabías si ibas a volver para dormir la siesta, pero por suerte nunca sufrí ningún accidente. A todo piloto lo preparan para una emergencia, pero nunca se entrena el factor de cómo actuar ante una situación real. Mi primera emergencia con una falla mecánica la tuve a los 17 años y después de resolverla hice una autoevaluación y me dije que si me llegaba a pasar de vuelta en el futuro, sé que las voy a poder sortear. Hay muchos pilotos que tienen un montón de horas de vuelo, pero ante una emergencia, se congelan”, aseguró.


Con Juan Ignacio, su hermano y el mismo avión que los une.

Tras hacer una corta experiencia como piloto de vuelos privados, a los 25 años se le dio la gran chance. “Salió un llamado mundial a pilotos para trabajar en Panamá, en la empresa Copa Airlines, que es muy conocida. Estaban buscando copilotos. Yo todavía vivía en San Luis y nunca imaginé que iba a dar ese salto de irme a vivir a Panamá haciendo vuelos internacionales. Mandé mi documentación, la aprobaron y tuve que ir allá a rendir exámenes. Fueron tres semanas de prepararme intensamente porque era la oportunidad de mi vida. Hice entrevistas, simuladores, pruebas escritas. Luego regresé a San Luis y a los 15 días me comunicaron que había superado todo bien y que ya me contrataban como copiloto”, recuerdo Cruceño, que partió con su mujer Joana Suñer, también puntana, quien la considera como su verdadero pilar para poder cumplir todas sus metas propuestas.
Ese trabajo que realizó por cuatro años le permitió conocer 31 países de todo el continente americano. De ser el joven que llevaba pasajeros por recreación o fumigaba campos, pasó a aterrizar en los aeropuertos más importantes del mundo. Esa fue la gran explosión en mi carrera profesional. De repente estaba volando en un Boeing 737 y mi primer vuelo fue a Miami”, afirma, aún con incredulidad y luego agrega: “Estaba en las grandes ligas, pero tuve que esforzarme para estar a la altura de las circunstancias y compensar mi falta de experiencia con mucho estudio”.
Si bien asegura haber disfrutado mucho esa etapa de su vida, el piloto y su mujer empezaron a buscar otros rumbos y la idea de volver al país y estar con los afectos empezó a pesar. Cuando llegó la primera oportunidad, no lo dudaron. La empresa low cost, Fly Bondi, lo contrató y actualmente vive en Córdoba, capitaneando vuelos a distintos puntos de Argentina. Incluso fue el encargado de traer el primer avión de la compañía, que lo tuvo que ir a buscar a Singapur, del otro lado del mundo, en lo que fue su primera, y hasta ahora, única experiencia en otro continente.
Consultado por el presente de la aeronavegación en San Luis, Cruceño se mostró entusiasmado: “Me puso muy contento ver que en la provincia se reactivó la aviación. Cuando yo arranqué estaba todo muy quieto, no había muchas oportunidades. Ahora, por ejemplo, mi hermano de 17 años José Ignacio comenzó a volar con el primer avión que yo comencé en Villa Mercedes, así que me está siguiendo los pasos”, y continuó sobre la siempre discutida llegada de las low cost a San Luis: “Yo creo que es viable que lleguen. De hecho sé que la ruta está aprobada así que se va a empezar a utilizar”.
Si bien parece un hombre completo con sus metas, no descansa en seguir soñando y en esas fantasías siempre está latente su provincia natal. “Ser capitán de línea aérea era desde chico mi mayor objetivo y lo cumplí, pero siempre es lindo seguir soñando. Por ejemplo tenía el objetivo de pasar volando por arriba de San Luis, como capitán de línea aérea y lo pude hacer hace dos semanas en un vuelo de Córdoba a Bariloche. Fue emocionante para mí, porque me recordé de chicos en casa mirando el cielo, deseando esa situación. Mi próximo objetivo es la acrobacia aérea, que es algo que me apasiona para hacer como hobbie. También aterrizar en San Luis sería un sueño, que ojalá se me pueda dar. Ya en la empresa saben que si inauguran esa ruta, es mía”, finalizó riendo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *