Politica Provinciales

Apostaron por San Luis para volver a empezar

Entre hacienda y forraje. Las vacas Holando Argentina y detrás, los fardos de alfalfa.

Cansados de tantas inundaciones, cinco productores lecheros de Buenos Aires se mudaron al sur puntano en busca de mejores horizontes. Quieren producir unos 17.000 litros por día.

No suele ser fácil armar las valijas y dejar atrás todo lo que se ha construido para salir a probar suerte en una nueva tierra, que puede ser prometedora pero también incierta. Menos si el equipaje que se lleva a cuestas es nada más y nada menos que una empresa agropecuaria a la que se le han depositado años, esfuerzo y dinero, prácticamente toda una vida. Pero si hay algo cierto es que esa difícil aventura siempre será más llevadera si se hace con compañía.
Cansados de sufrir y batallar contra las inclemencias del tiempo en su región natal, cinco productores de una de las que supo ser una potente cuenca lechera de Buenos Aires tomaron una decisión cabal y se asociaron para empezar de nuevo en la Provincia de San Luis, un lugar que los ilusiona. Cada uno puso algo de capital: unos aportaron vacas, otros trajeron maquinarias y herramientas, y otros pusieron dinero. Buscaron durante casi un año el campo ideal y lo encontraron en el Departamento Dupuy: lleva por nombre “San Cristóbal”.
Los protagonistas de esta historia de crisis y oportunidades, de tropiezos y resurgimientos, ideas, trámites y mudanzas son muchos y se agrupan en las cinco partes que conforman la nueva sociedad: están los hermanos Edgardo y José María Zoppi, de Coronel Charlone, quienes decidieron “repartir los huevos en diferentes canastas” y mantienen su tambo original, al menos por ahora. También está Néstor Fernández, un tambero de cuna de Santa Regina, que también conserva su empresa. Luego aparecen otros dos tríos de hermanos: por un lado Pablo, Leonardo y Germán Llanes, y por otro sus primos Osvaldo, Gustavo y Oscar Llanes, todos de Cañada Seca, con la experiencia que les otorga ser tercera generación de familias de tradición lechera. Ellos decidieron cerrar completamente sus establecimientos y arriesgarse con el viaje a San Luis.
El quinto elemento es Horacio Ronzoni, quien junto con su esposa Ana María Salinas es el nexo entre todos los demás. El hombre es ingeniero agrónomo y durante décadas trabajó como asesor de campos lecheros. Fue así como conoció a cada uno de los otros integrantes e ideó el traslado a San Luis como una solución al problema que todos tenían en común: las constantes inundaciones que sufren en sus tierras por lluvias muy abundantes y suelos cada vez más sensibles. “Cada vez nos quedaba menos superficie”, lamentó Edgardo Zoppi.
Una vez que se decidieron, empezaron a recorrer diferentes establecimientos. Para ello contaron con el asesoramiento de los técnicos del Ministerio de Medio Ambiente, Campo y Producción, que les facilitaron estudios de suelos e información climática, ambiental y estructural sobre las diferentes regiones productivas de la provincia. Y también contaron con el apoyo de La Serenísima, la empresa que está promoviendo la instalación de nuevos tambos en la provincia, que les señaló una lista de campos posibles para desarrollar su actividad.
Así, después de varios meses de visitar estancias, desde el norte hasta el sur del territorio puntano, llegaron a San Cristóbal, una estancia de más de 1.600 hectáreas que, entre sus varias virtudes, tenía una ventaja fundamental: había sido un tambo. Casi de inmediato, los productores se enamoraron del lugar. Cuenta con instalaciones, galpones, corrales, pasturas y hasta un feedlot. Hicieron un contrato por varios años para utilizar un poco más de 800 hectáreas y toda la infraestructura instalada.
Para llegar a la estancia desde Villa Mercedes hay que tomar la Autopista 55 y doblar hacia la derecha en la rotonda del paraje La Angelina. Por esa ruta provincial hay que seguir unos 27 kilómetros hasta encontrarse con la tranquera de madera del establecimiento. De ahí en más, quedan solo unos siete kilómetros de un camino vecinal de tierra, mientras que todo el trayecto previo es por asfalto.
En ese último tramo, hay algunos charcos producidos por las últimas lluvias, pero a los bonaerenses les parecieron mínimos. “A comparación de lo que estamos acostumbrados, no es nada. Ya que no haya barro es increíble”, dijeron casi al unísono.
La elección de San Luis como la tierra para buscar un futuro más promisorio no fue azarosa. Cada uno tiene algún vínculo personal con la provincia, ya sea por algún pariente que vive en estas coordenadas o porque eligieron venir a veranear a las sierras algún verano pasado. Pero lo cierto es que todos confían en las cualidades de la provincia para producir.
“Apuntamos al sur de San Luis por el potencial que tiene la zona, el clima, la altura, el suelo que absorbe mucha agua, que en nuestra zona no sucede. Son muchas ventajas que no tenemos en Buenos Aires”, describió Zoppi, mientras que Ronzoni completó: “Tiene una potencialidad que para nosotros fue  extraordinaria. La entreveíamos porque ya habíamos estado en alguna oportunidad, pero cuando llegamos y empezamos a ver lo que era producir acá, a todos nos llamó la atención. Estamos convencidos de que es una zona que va a progresar muchísimo, por eso estamos contentos de haber llegado temprano y haber conseguido el campo que queríamos”.
Uno de los aspectos más interesantes de su proyecto es el asociativismo como una forma de ampliar sus capacidades individuales. “La idea es juntarnos pequeños productores para generar escala en un proyecto mucho más grande. El sistema es muy interesante, no es fácil, pero te permite lograr cosas que cada uno individualmente no podríamos ni soñar”, señaló Gustavo Llanes, quien se mudó junto a su familia a Villa Mercedes para estar  cerca y poder administrar el campo.
Por eso buscan que cada socio logre completar a fin de año un aporte del 20% del capital total, y que a la hora de repartir ganancias y responsabilidad, todos tengan partes iguales. Por lo pronto, empezaron con un plantel de 140 vacunos, entre vacas y vaquillonas. Se trasladaron en noviembre del año pasado, pero recién hace unas dos semanas lograron poner todo a punto para hacer sus primeros ordeñes. Están entusiasmados y se nota.


Productores, amigos y familiares. Marina Zoppi, Ana María Salinas, Horacio Ronzoni, Edgardo Zoppi, Gustavo y Germán Llanes,.

La hora de la leche
El rodeo de la raza Holando Argentina se formó con el aporte de dos socios, quienes trajeron hacienda que ya venía en plena producción desde sus campos originales. Por eso, las primeras extracciones no fueron fáciles. Hasta que lograron adaptarse a un nuevo ambiente y hábitat, las hembras tardaron mucho más en ingresar a los bretes y dar buena cantidad de leche.
El primer ordeñe duró casi tres horas, pero luego el proceso comenzó a acelerarse y ahora, en unos 45 minutos, las 140 pasan por el tambo. De hecho, creen que cuando haya más animales, podrán estabilizar un funcionamiento de 180 vacas por hora.
Cuando los inversores llegaron a “San Cristóbal”, el establecimiento ya contaba con una tecnología poco vista en el país, según afirmaron los socios. Es un sistema de bretes de salida rápida, con capacidad para treinta animales de forma simultánea. Las vacas se llevan al establo y las compuertas se abren para que pasen por sí solas, una a una, hasta ubicarse en cada brete, que a su vez posee barandas que las contienen y donde se le colocan las pezoneras en las ubres.
Así, cada ejemplar permanece alrededor de seis o siete minutos mientras el aparato les extrae la materia prima, que pasa a través de la cañería hasta un tanque de frío, ubicado a unos escasos cinco metros. El recipiente, que tiene capacidad para contener unos 20.000 litros, enfría la leche a unos cuatro grados centígrados y la conserva en esa temperatura. Día por medio, un camión llega para verificar la calidad e higiene y llevarse la producción.
Además, los nuevos socios introdujeron un sistema inteligente que contabiliza el rendimiento de cada vaca y señala en una pequeña pantalla cuántos litros de leche aportó cada una. Las pezoneras se retiran automáticamente, las compuertas se abren y el animal puede salir para que el equipo empiece con la función de autolavado.
Se realizan dos ordeñes por día, aproximadamente cada doce horas. Uno es alrededor de las cuatro de la tarde y el otro a las cuatro de la madrugada. El primer obstáculo que encontraron para producir en San Luis es que las temperaturas son más extremas a las que ellos y su hacienda están acostumbrados. El frío se hace sentir más, pero la raza está preparada genéticamente para tolerar sin problemas bajas temperaturas. El calor, en cambio, puede convertirse en un inconveniente cuando llegue el verano, por lo que analizan colocar medias sombras en los corrales y sumar más forestación en algunos lotes, e incluso diseñarán las pariciones para que no haya nacimientos en tiempos estivales.
“Al principio costó un poquito que se adaptaran. En los primeros ordeñes cada vaca dio entre 15 y 17 litros diarios. Ahora se están estabilizando en 20 y queremos llegar a fines de 2018 con un promedio de 22 ó 23 litros por día y por ejemplar. En dos años aspiramos a alcanzar un nivel de 27, aproximadamente”, contó Ronzoni, quien junto a su esposa Ana María, también agrónoma, oficiaron de guías.
La idea de los productores es llevar más vacas hasta llegar a un rodeo de 700 cabezas, y así poder elevar la producción hasta los 16.000 ó 17.000 litros diarios. Tienen un acuerdo para proveer toda su leche a La Serenísima, que por ahora lleva la materia prima hasta  su fábrica de General Rodríguez, pero que en el futuro la dejará en la planta de procesamiento y envasado que inaugurará en Villa Mercedes, entre agosto y setiembre de este año.
A nivel sanitario, Ronzoni recordó que el estatus que asegura que están libres de brucelosis y tuberculosis es un requisito básico para el funcionamiento y habilitación de cualquier tambo. Sin embargo, ellos pretenden hacer controles periódicos más seguido para evitar cualquier riesgo y erradicar otras enfermedades comunes en los tambos, como la mastitis bovina.

Alfalfa, la receta mágica
La nutrición es el factor clave en la calidad de la leche. “Si les das de comer bien, van a dar mucha proteína y grasas, que es lo que busca y paga la industria. El resto, el 90% de la leche, es agua”, señaló el agrónomo.
En el establecimiento aprovecharán otra de las grandes ventajas del campo “San Cristóbal” y la región: su aptitud para las pasturas. Ya disponen de unas 700 hectáreas de alfalfa de una antigüedad de dos a tres años, que están verdes y florecientes a pesar de que el invierno se avecina.
Incluso los productores estaban sorprendidos por el buen estado de los cultivos cuando durante la madrugada el termómetro había rondado entre los seis y los ocho grados bajo cero en la zona. “En provincia de Buenos Aires, con mucho menos frío que éste, ya estaría todo el pasto seco”, señaló Germán Llanes, sin salir de su admiración por el color del lote.
Pero es que además de la calidad de la tierra para los alfalfares y la buena disponibilidad de agua subterránea, cuentan con una ayuda extra. Poseen modernos equipos de riego por aspersión que pueden circular por los lotes y garantizar la humedad necesaria aún en tiempos de sequía.
Además sembraron 80 hectáreas de maíz, que luego ensilaron para suplementar el forraje. Entonces, el ciclo alimenticio del rodeo se compone de medio día de pastoreo de alfalfa, más una ración de silo de maíz, rollo de alfalfa y balanceado que les administran en los corrales.
Pero como todavía el plantel vacuno es chico y les sobran pasturas, hicieron rollos y megafardos, que les sirven como reserva y también para vender. Tienen unas 4.000 piezas de alrededor de 480 kilos cada una.
Por el momento, solo disponen de hembras que se inseminan para que queden preñadas y den leche. “Todas las cooperativas tienen centros de inseminación con genética muy probada. Nosotros contamos con los insumos para almacenar las dosis y nuestro tambero hace la inseminación aquí, cuando la hembra pare, para que empiece el ciclo nuevamente”, describió Ronzoni.
Pero no descartan en el algún momento incorporar machos para hacer un rodeo de cría y lograr un ciclo completo para aprovechar el espacio y las instalaciones que tienen, que hasta incluye un feedlot con comederos. De lo contrario, buscarán continuar con el crecimiento del rodeo lechero y lograr incrementar los números de ordeñe diarios. Pero por ahora todos son proyectos e ideas, las decisiones dependerán de cómo  se desempeñe el rodeo en los primeros tiempos y de lo que opine cada uno de los socios.
Contra las adversidades
De una forma u otra, el flamante tambo está dando sus primeros pasos y el camino que les queda por recorrer es largo, en un escenario nacional que no es el más favorable para la lechería.
“Es un momento complicado por el encarecimiento de todos los insumos y servicios que usamos para producir. Aumenta el dólar y eso encarece el maíz, la soja, el sorgo, todos los alimentos de los animales, pero además la semilla, el gasoil y la electricidad. Es difícil porque la leche no sigue la misma línea de incremento, los precios en tranquera siempre tardan en reaccionar”, analizó Horacio.
Sin embargo, ninguno de ellos se achicó y lejos de bajar los brazos, salieron a buscar una nueva oportunidad. “Nos animamos y nos la jugamos. Estamos contentos con la zona, con el proyecto, vamos a ver cómo lo llevamos adelante”, expresó Gustavo.
Es que todos los socios son parte de una tradición familiar forjada gracias a la lechería, y no se imaginan una vida sin producir. “Somos tamberos desde siempre, es lo que sabemos y nos gusta hacer. Yo me llevo una gran satisfacción de ver cómo se están adaptando las vacas y los resultados que estamos teniendo. Esperamos llegar a buen puerto, estamos en un momento difícil pero a las oportunidades hay que aprovecharlas”, destacó Edgardo.

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