Policiales Provinciales

La muerte de Ximena, un caso que conmocionó a San Luis

La madre y la tía de su novio la convencieron de abortar. Murió el 6 de noviembre de 2005. La chica de 16 años falleció debido a la infección que le provocó un aborto clandestino.

Fueron las agujas de tejer, la desidia, la desinformación, el miedo y una enorme infección las que mataron a Ximena. Fue un aborto casero, practicado los primeros días de noviembre de 2005 en el barrio Jardín Sucre, el que le quitó para siempre la sonrisa amplia a una chica de sólo 16 años que cursaba el secundario en la Normal Mixta. Murió Ximena y con ella su sonrisa.

Un efecto dominó signó los últimos meses de su vida. Quedó embarazada, la madre de su novio logró convencerla de que se hiciera un aborto, fueron hasta la casa de la tía del chico, la hicieron abortar un miércoles. Volvió a su casa. Un sábado ingresó al Sanatorio Ramos Mejía y el domingo murió.

Ximena Gómez estaba embarazada de un mes y medio, unas seis semanas. Quedó en medio de un proceso judicial, en donde hubo que cotejar lo que le pasó, exponer en detalle todo su sufrimiento. Se le realizó una autopsia detallada, se determinaron las causas del fallecimiento y se llevó a juicio a las dos mujeres que estuvieron involucradas en el aborto.

Fue su tía, Eda, 24 horas después de la muerte y en el lapso en donde más se llora la pérdida de una hija o de una sobrina, quien radicó la denuncia. “La madre estaba demasiado quebrada emocionalmente para recurrir a las autoridades”, declaró en esos momentos Gonzalo Estrada, quien fue abogado de la familia. No era para menos. El dolor fue una proyección y de tal magnitud que hasta limitó que fueran a declarar ante la jueza del caso.

Eda dijo que su hermana estaba “quebrada emocionalmente y que no podía hacerse cargo de la terrible situación”. Su tía y madrina vivía en Tilisarao, estaba allí cuando se enteraron de la noticia. Una médica le dijo que “no había posibilidades de salvarla” y en ese momento quisieron llevarla en un avión a otra clínica, pero no tuvieron tiempo. “Era para mí como mi hija. Quería ser contadora pública, incluso se había cambiado de colegio por esa orientación”, dijo la tía que lloraba el destino de la nena que había dejado de cursar en “San Luis Gonzaga” para ingresar a la Escuela Normal “Juan Pascual Pringles”.

Fue la tía quien empujó la primera ficha para iniciar una investigación, para comenzar la pesquisa de una decisión que mezcló la medicina con la barbarie. A la chica se le introdujo una pastilla (Oxaprost) para que dilate el cuello del útero y luego, una aguja de tejer para remover el feto. Todo sin elementos esterilizados.

“El resultado de la necropsia confirmó que la adolescente murió como consecuencia de la generalizada infección que le provocaron las maniobras abortivas al perforarle el útero”, exponían las crónicas de la época.

Los hechos era concisos. El miércoles 2 de noviembre Ximena fue sometida a un aborto. Entre el jueves y el viernes había estado en contacto permanente con las personas que le practicaron el aborto. El sábado cuando la infección se agravó, llegó caminando al Sanatorio Ramos Mejía. Los médicos le hicieron un legrado terapéutico para intentar eliminar la infección, como no dio resultados hicieron una segunda intervención en la que le extirparon el útero para intentar contener el cuadro infeccioso. El domingo a las 17 murió.

El lunes a la madrugada su tía hizo la denuncia en la Comisaría Primera. Cuando comprendió la  gravedad del estado de su hija, el padre de Ximena le pidió a los médicos ingresar a la sala de terapia intensiva para hablar con ella porque tenía el peor de los presentimientos. Dicen las personas que asistieron a la chica que allí la adolescente le confesó todo y le dio los nombres de las responsables y le pidió perdón no haberle contado la verdad sobre el embarazo. Fue su última charla.

El hermano de Ximena, Jhonatan,  le escribió una carta a su hermana que fue publicada en la que le decía “jamás te voy a olvidar. Ahora estás en el cielo con Bob tocando la guitarra” y cerraba con un “te amo Jhonny”.

Como su hermano, sus amigas no olvidan el caso. Una de ellas publicó en su Facebook el último 8 de junio. “Siempre trato en lo posible no hablar de esto, lo que lógicamente nunca voy a lograr es olvidar” y explica “el caso mencionado lastimosamente me tocó vivirlo de cerca, muy cerca” y agrega: “Por un cerdo machista y su familia perdimos no una amiga, una hermana, éramos tan chicas que no entendíamos nada y no pudimos hacer nada tampoco, ni siquiera apoyarla”.

Además fija su posición: “No estoy a favor del aborto, sí a favor de la despenalización del mismo, desde que pudimos recuperar la democracia al día de la fecha más de 3.000 mujeres murieron por abortos clandestinos (el mismo que le practicaron a Ximena quien tenía 16 años en ese entonces, terminando con su vida) hay países en los que se despenalizó y la tasa de abortos inclusive es más baja, ya no es fanatismo por los derechos del niño ni derecho a la vida”.

Ximena murió por un aborto que le practicaron sin higiene, clandestino y lleno de egoísmo. Con ella murió su sonrisa.

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