Policiales Provinciales

Juzgan a dos jóvenes por el asesinato de Fabio Fernández

Ocurrió el 4 de noviembre de 2014 en un baldío del barrio El Lince. Le dieron un tiro y lo golpearon.

Fabio Ezequiel Fernández salió de su casa, en el barrio Maximiliano Toro de San Luis, posiblemente para encontrarse con otros jóvenes, el 3 de noviembre de 2014. Los investigadores estiman que desde su celular acordó juntarse con ellos, y también que la intención de los otros chicos era robarle el teléfono. Pero Ezequiel no lo llevó. Aunque no pudieron arrebatarle ese aparato, el muchacho de 20 años terminó muerto, con un tiro en la tetilla izquierda y la cabeza destrozada a golpes. De no presentarse ningún inconveniente o imprevisto, la Cámara del Crimen 2 de San Luis comenzaría a juzgar este martes a Augusto Caín Agüero Lucero y a Martín Alejandro Tula, los sospechosos de haber asesinado a Ezequiel en un baldío situado atrás del supermercado Aiello El Lince, en la zona sur de la ciudad.

Ambos llegan acusados por “Homicidio calificado por su conexión con otro delito (criminis causa)”, según detalló este lunes la secretaria del mencionado tribunal, Griselda Murcia. El fiscal de instrucción solicitó, en su momento, que ambos sean condenados a prisión perpetua.

Murcia explicó que Tula, además, será juzgado por un robo en grado de tentativa, un hecho por el cual accedió a una probation –suspensión de juicio a prueba–, pero como no cumplió con ella, tendrá que responder también por ese delito.

El celular de Ezequiel estuvo a disposición de los investigadores desde el primer momento. Y aunque fue llevado a otras provincias –a La Pampa y Buenos Aires, por ejemplo– para analizar su contenido y ver si así podían obtener pistas de los autores no fue posible estudiarlo en su oportunidad, ya que tenía un patrón de desbloqueo que, al parecer, sólo conocía la propia víctima.

Según trascendió, los peritos del Departamento de Investigación de Delitos Complejos, dependiente de la Procuración General, trabajan por estos días para intentar sortear esa traba y ver si es posible tener algún detalle de las comunicaciones que el muchacho mantuvo antes de salir de su casa en la medianoche del 3 de noviembre e ir al descampado donde, un rato después, ya en día 4, le dieron muerte.

De los dos sospechosos, el primero en quedar a disposición del juez que instruyó la causa, Sebastián Cadelago Filippi, fue Agüero Lucero, quien se entregó en forma voluntaria. Eso ocurrió un mes después del crimen, el 9 de diciembre de 2014. Por ese entonces, él tenía 21 años.

Los investigadores de la entonces División Homicidios presumieron que tomó esa decisión acorralado por los rumores de que la Policía ya tenía ciertos datos que lo vinculaban al hecho. En ese momento, una fuente de la causa contó que horas después del asesinato, los nombres de Agüero Lucero y de Tula habían llegado a la Policía en boca de un “datero”.

Ya en diciembre, agentes de Homicidios tomaron contacto con un suboficial que vive en el mismo barrio que Agüero Lucero, y le consultaron si ubicaba al joven. El suboficial no sólo lo conocía: resultó que el chico era el hijo de su pareja. Cuando preguntó por qué hacían averiguaciones sobre el joven, los investigadores le dijeron que lo señalaban como uno de los autores del crimen.

El suboficial “habló con Agüero Lucero, y éste le confesó llorando que un amigo había planeado hacer ir a Ezequiel al descampado para robarle el teléfono, y que como el muchacho no lo llevó, se enfureció y le disparó”, resumió en aquella oportunidad una fuente. El amigo del que hablaba Agüero Lucero era Tula.

Agüero Lucero le aseguró a la pareja de su madre que su amigo lo amenazó para que no contara nada, y que le advirtió que si revelaba algo también lo mataría. Quizás eso es verdad. O tal vez mintió, y sólo fue una estrategia para deshacerse de toda responsabilidad y cargarle las tintas a Tula, quien ya estaba prófugo. El suboficial dialogó con la madre del ahora procesado y posiblemente le aconsejó a Agüero Lucero que se pusiera a disposición de las autoridades. Tres días después de que el policía declarara en la División Homicidios sobre lo que el joven le contó, Agüero Lucero decidió presentarse ante el juez. Éste ordenó que quedara detenido y lo llamó a indagatoria. Días más tarde, lo procesó.

Cuando lo citaron a declarar en el juzgado, el suboficial no sólo no ratificó la declaración, sino que la rectificó. Dijo que no había dicho eso, que el chico no le confesó haber tenido participación alguna en el homicidio de Ezequiel. Si es citado al debate oral, el del suboficial será, posiblemente, uno de los testimonios más interesantes para escuchar.

Por su parte, Tula, quien tiene actualmente unos 32 años, estuvo prófugo casi nueve meses. El 28 de julio de 2015, los efectivos de Homicidios lo interceptaron cuando iba con un conocido en un Volkswagen Dodge 1500, por la calle Dionisio Escudero, a la altura de la manzana B del barrio Juan de Dios Garro de San Luis.

Aparentemente, apenas supo que lo conectaban con el crimen se fue de su barrio, el 544 Viviendas. Por las averiguaciones que hizo la Policía, habría estado en Córdoba. Pero cuando les llegó la información de que estaba de nuevo en San Luis, montaron vigilancia en distintos domicilios en los que suponían podía estar, hasta que finalmente corroboraron que efectivamente era él, y que estaba aquí. Cuando salió en el vehículo, lo siguieron, le cortaron el paso y concretaron su detención, que había sido ordenada por el juez Cadelago Filippi.

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