Policiales Provinciales

«El caso Montoro es símbolo de la lucha contra el patriarcado»

El fiscal Guillermo González, que llevó adelante la investigación del femicidio de la joven trans, considera que a Azul la mataron por ser mujer, el género que eligió. Y que el acusado tenía aversión por lo femenino.

Para el fiscal cordobés Guillermo González, instructor del expediente por el asesinato de la joven trans Azul Montoro, el caso «es un símbolo de la lucha contra el patriarcado, contra los femicidios», le aseguró ayer a El Diario. «A Azul no la mataron por ser trans, la mataron por ser mujer, que no es lo mismo, y trato de hacer notar esa diferencia. No lo digo porque sí, me baso en la prueba, en la historia vital del imputado. Casiva no es una persona a la que le gustaban las mujeres y odiaba a los travestis. No. Está claro que odiaba a las mujeres: le pegaba a su madre, a su hermana y a su cuñada. Era totalmente hostil con todas las figuras que representaban al género femenino en su familia. Esto demuestra claramente que tenía una aversión al género mujer», aseveró ayer el fiscal, en una entrevista telefónica.

Es por ello que, desde el inicio de la investigación, el representante del Ministerio Público Fiscal encuadró el hecho en un femicidio, en un caso de violencia de género. Días atrás, González elevó la causa para el juicio oral. Es probable que la defensa se oponga, supone el fiscal. Pero estimó que, de confirmarse la realización del juicio, éste podría celebrarse a mediados del año próximo.

Azul había nacido hace 24 años en Villa Mercedes, pero había hecho de Córdoba Capital su ciudad de residencia. Allí se ganaba la vida como trabajadora sexual, y encontró la muerte a manos de Fabián Alejandro Casiva, un joven que la había buscado en la zona de Mercado Norte para tener relaciones la madrugada del 18 de octubre del año pasado. Le dio al menos 18 puñaladas, cuando estaban en la puerta de una casa ubicada en Rincón al 100, en donde iban concretar el encuentro íntimo.

Azul no nació biológicamente mujer, eligió serlo. Y lo mostraba a través de su aspecto, en suma femenino, y hasta en los papeles. Al momento de ser asesinada, ya había hecho el cambio de identidad de género y tenía su DNI de mujer.
«Acá se juntan dos paradigmas, que son bastante nuevos, innovadores en materia de derecho. Uno tiene que ver con el ámbito civil, y el otro, con el penal. Este último tiene que ver con la figura del femicidio, que a veces cuesta tanto hacer entender», consideró González.

«No es que la vida de la mujer valga más que la del hombre, o que sea más grave matar a un hombre que a una mujer –continuó–. Sino que le damos un tratamiento distinto ya que, por cada vez que una mujer mata a un hombre por ser hombre, en ese mismo periodo de tiempo, 300 hombres matan a 300 mujeres por ser mujer».

«Si bien la  muerte es una sola, y la vida de las personas es muy valiosa por igual, no podemos tomarlo de igual forma, porque se produce una asimetría muy grande en la que, como siempre, a partir de los postulados del patriarcado y del machismo, queda postergada la mujer», completó.

Esta desproporción en los crímenes, «este 300 a uno, en el que pierden las mujeres, es en lo que tenemos que trabajar. Y se han incorporado conceptos en el derecho penal, a través de figuras como el femicidio, donde se da una pena mucho más grave cuando se dan estos delitos de género», explicó.

Pero, por otra parte, también ha habido reconocimiento de derechos en la faz civil. «El año pasado estuve en Roma, cursando en la Universidad de Tor Vergata una especialización en Derechos Humanos, y allá se sacaban el sombrero, ya que consideran que el Código Civil argentino es de los más modernos del planeta, de los mejores».

«El Código Civil tiene muchas figuras nuevas desde la perspectiva de género, como el matrimonio igualitario y demás. Es una cuestión generacional, por supuesto. Lo veo en mis hijos, que hablan de estos temas con naturalidad, con soltura. Por suerte, los chicos lo toman de otra forma. Pero lo importante es que desde esta perspectiva de género, una persona, habiendo nacido como varón, a partir de autopercibirse mujer y de otras circunstancias, es considerada mujer para la ley. Esas dos instituciones jurídicas, se reúnen en este caso, por eso llama tanto la atención «, expresó.

El fiscal valoró «el trabajo de resistencia y de militancia, y de protesta sana y pacífica» que hacen las amigas y compañeras trans de Azul. Son ellas, quienes, en gran medida, han convertido el caso de Azul en un símbolo de esa batalla contra el patriarcado, dijo.

El de Azul es un caso que puede sentar un precedente jurídico en la vecina provincia. «Lo que no habido aquí en Córdoba es un proceso a una persona que haya cometido un crimen contra alguien que nació varón y que termine condenado por femicidio», explicó. Entiende que sería el tercer caso en Argentina. «Suele darse otra particularidad. Hay otra figura, el inciso cuarto del artículo 80 del Código Penal, que habla de los delitos de odio. Hubo un caso de un homicidio a una trans en Buenos Aires, en el que se incluyó esa calificación. En ese caso, se considera que a la persona la mataron por ser travesti. Pero a Azul no la mataron por ser trans, la mataron por ser mujer», reiteró.

Indicó que, si bien no la conoció personalmente, a través de las fotografías que se han conocido de Azul está a la vista los atributos femeninos, que dan cuenta de la construcción de su identidad.

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