Policiales Provinciales

El lapsus de Murúa: “El día que tuve el problema”

El femicida declaró ayer ante el Tribunal de Concarán y en el último intento de despegarse del crimen de la joven incurrió en un error que lo incriminó más.

El miércoles, cuando el tribunal se disponía a clausurar la etapa de presentación de pruebas, Juan José Murúa pidió declarar. Fue un último intento por mostrarse ajeno al crimen y a la víctima, a la que mencionaba como “la chica esta”. Pero algo, tal vez su conciencia, lo hizo incurrir en un lapsus ni bien empezó a relatar su versión de lo que había hecho en aquellas horas en que Brenda fue asesinada.
“Yo ese día salí de la avícola más o menos cinco o seis de la tarde”, empezó. “¿A qué día se refiere?”, le preguntó la presidenta de la Cámara del Crimen, Sandra Piguillem. Y Murúa contestó: “Sábado, sábado creo que fue que tuve el problema con la chica esta”. De inmediato trató de enmendarse con “cuando se desapareció la chica esta”. Pero ya era tarde, había aludido a “un problema” que él había tenido con Brenda.

Con lo del “problema”, Murúa no podía referirse a las sospechas que recayeron sobre él por la desaparición y el asesinato de la joven, puesto que él no fue el primer sospechoso y recién quedó en la mira de los investigadores un par de años después.
Al principio, el sospechoso era César Albelo, el novio con el que Brenda había terminado la relación esa tarde de sábado, unas horas antes de desaparecer. Ella y el chico tenían frecuentes idas y venidas, a menudo se peleaban y se reconciliaban.
En una estrategia sin sustento, Murúa intentó ayer salpicar con sospechas a ese muchacho, que para 2009 era compañero de trabajo suyo en la avícola “Globoaves”. Dijo que ya en la mañana del domingo 12 de julio, cuando él estaba por tomar el colectivo para ir a trabajar, Albelo apareció en su auto “de la parte donde había pasado lo de la chica —en alusión a donde más tarde hallaron los restos quemados de Brenda—, dio una vuelta ahí, pegó una acelerada y volvió por la misma ruta”.
En un tramo previo a su declaración, ayer, el acusado dio su versión de lo que hizo el sábado a la noche. Al salir del trabajo “fui al campo, busqué a mi señora, me vine a la casa de Yanina Cataldo, estuvimos ahí, qué sé yo, una hora, dos horas conversando con Yanina y Facundo. Y después salimos con mi mujer a hacer un par de compras y encontramos a esa chica, Brenda Arias”, dijo.

“Estuvimos conversando un rato ahí, qué sé yo, con mi mujer, porque ella tiene más amistad con mi mujer que conmigo. Yo, ‘hola, chau, qué tal’ y nada más”, agregó.
“Esa noche quedaron de ir a comer algo, ir al (comedor de) ‘Coco’ Torres, yo, ella y mi señora. Casualmente fuimos a dar una vuelta en la moto con mi señora y pasamos por lo de ‘Coco’ Torres, estaba cerrado, le digo ‘para qué vamos a ir si está cerrado ya’”, siguió Murúa.

Le propuso ir a lo de su amigo Eduardo Alberto “Liti” Escudero. “Fuimos a la casa de ‘Liti’, estuvimos conversando, ‘Liti’ había matado un par de liebres y le ayudé a cuerear. Habré estado, qué sé yo, unas dos horas”. El dueño de casa le preguntó qué iban a hacer esa noche y él le dijo que fueran a cazar. Había llevado una caja de balas que había comprado “al lado de la Policía”.
Como Escudero se había olvidado su carabina en la camioneta de su patrón, “le dije que yo tenía el arma mía en casa, que me aguantara, que iba a buscarla”.
Murúa dejó a su esposa, Carolina Pereyra, en lo de Escudero. Supuestamente iba y volvía. Regresó muchas horas después. Para justificar su demora, dijo que los animales del campo donde vivía se habían entrado a la casa y le habían causado destrozos.

Para la fiscalía y los jueces, esa es una mentira. Murúa dejó a su mujer para tener un encuentro con Brenda. Estaba interesado en ella. Y probablemente, porque la chica le dijo que no, él no soportó el rechazo y la mató.

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